miércoles, 31 de marzo de 2010

"Pablo"


Sandra sintió un escalofrío al ver la cara del hombre que salía detrás del botellero con las manos en alto. Cuando consiguió articular palabra dijo:
- Abraham, ¿tú?
Abraham se quedó mirándola fíjamente pero no dijo nada, bajó la cabeza y fue andando hacia la escalera para subir y dejarse esposar por el policía que esperaba en la puerta. Sandra subió a la cocina y dio la orden a dos compañeros para que vigilaran el sótano. Cuando se puso frente al profesor de Pablo le dijo:
- Lo primero que quiero que me digas es donde está Pablo, del resto ya hablaremos en comisaría.
- Pablo está abajo.
Sandra inmediatamente bajó y junto a los dos compañeros que esperaban en el sótano se pusieron a buscar al niño.
- Pablo, pequeño, ¿donde estás? Ya ha pasado todo, no tengas miedo, tu mamá está arriba esperando.
- ¡Sandra, Pablo está aquí, corra ven!
Pablo yacía en el suelo, detrás de la caja de herramientas. Apenas se podía ver bien al niño por la oscuridad del sótano pero cuando un policía alumbró con la linterna la cara del niño estaba totalmente pálido.
- ¿Está muerto? - preguntó el policía que alumbraba.
- No, aún respira pero su pulso es muy lento, di al médico que baje.¡Rápido!- ordenó Sandra.
El médico bajó e intentó reanimar al chico, le tuvieron que poner una mascarilla de oxígeno y rápidamente lo subieron para meterlo en la U.V.I. móvil y llevarlo al hostipal.
Tres horas más tarde se encontraban Abraham, Lidia y Sandra en una sala de comisaría para tomar declaración de los hechos.
- Aún no entiendo cómo he llegado a este lío, señora Sandra, yo hasta hace unos meses tenía mi vida normal, mi trabajo, adoro mi profesión de maestro, adoro a los niños y a la enseñanza. Lo único que puedo decir es que no piense en ningún momento que yo he abusado de ningún niño en la vida, eso téngalo usted por seguro- dijo Abraham mientras se secaba las lágrimas.
- ¿Para qué raptaste a los niños?- Sandra intentaba mantenerse en calma.
- Todo empezó cuando conocí a Lidia, bueno a Trujillo, antiguo socio de Lidia que como usted sabrá se encuentra desaparecido desde hace más de dos meses. Trujillo me presentó a Lidia y no sé ni cómo me he visto envuelto en este embrollo.
- ¿Sin darse cuenta dice? ¿Sin darse cuenta usted rapta a niños y los mete en la cocina de un restaurante a explotarlos trabajando? Disculpe pero no logro entenderlo- Sandra comenzaba a perder la paciencia.
- Déjeme que le explique, por favor. Trujillo me amenazó diciendo que si no le ayudaba en un turbio negocio difundiría la noticia de que yo había abusado de un niño, niño que por cierto, me enteré después, había abusado él. Es Tato, el otro chico que han encontrado en el sótano...
- Continúe por favor- dijo la agente.
- Como usted puede imaginar, si una noticia así llega a manos de la Delegación mi carrera como maestro acabaría, por no hablar de mi reputación... Imagínese, ¿con qué cara podría mirar a mi madre?
- Ah que ahora la podrá mirar con mejor cara, ¿verdad?
- No, ya no hay remedio. De eso me di cuenta el día que hablé con Tony por teléfono, estuve a punto de decirle todo lo que me estaba ocurriendo pero el miedo y la vergüenza no me dejaron.
- ¿Usted ha colaborado en más desapariciones de niños además de la de Pablo?
- No señora, sólo he colaborado con la captura de Pablo y tampoco fui yo el que lo cogió a la salida del colegio, pero sí, colaboré.
- ¿Cómo? ¿Qué ocurrió ese día?
- Ellos me habían pedido que observara a dos niños que querían llevárselos a Córdoba, que allí tienen otro restaurante como el que hay aquí. Me dieron una serie de característica y los únicos que las cumplían eran Pablo y Vicente. Fijaron un día y yo lo único que tenía que hacer era despistar a la conserje, Rocío, ya que es la que cierra las puertas del colegio. En caso de que algo fallara, yo podría hacerme el despistado, como que no sabía nada y culparla a ella directamente, pues se supone que es la última que ve a los niños. Cuando acabó la última clase y di orden a todos los alumnos para que salieran, dos hombres con rasgos orientales que no había visto nunca llegaron a mi clase, no sé bien por donde entraron y me dijeron que les señalara a los dos niños que se iban a llevar. Ahí fue donde fallé, debí haber gritado, no sé, creo que aún estaba a tiempo de todo, pero no fui consciente, me limité a señalar con la mirada a Vicente y Pablo y me fui con el resto de niños. Ya no vi nada más, a las pocas horas, cuando me avisaron que Pablo había desaparecido me enteré que Vicente había logrado escapar.

Mientras continuaba la declaración, en urgencias a la espera de noticias de Pablo permanecían Manoli, Tony, Eloy, Irene y dos policías.Manoli se sentaba, se levantaba, salía a la puerta, entraba, estaba atacada de los nervios. Tony la intentaba tranquilizar mientras observaba como Irene y Eloy discutían sentados en la sala de espera. Eloy se levantó y llamó a Manoli le dijo que salieran a la puerta que tenían que hablar.
- Manoli tranquilízate ya nos han dicho que el niño está fuera de peligro.
- Eloy, ¿cómo puedes estar tan relajado? ¿Imaginas el daño psicológico que le quedará al niño?
- Claro que lo sé y nosotros estaremos a su lado para apoyarlo... mmm aunque bueno, hay una cosa que tenmos que hablar- a Eloy le cambió la cara por completo.
- Dime, ¿de qué se trata? ¿te volverás a Holanda para siempre? Es algo que imaginaba, no te preocupes.
- No quería decirte nada aquí, no es el momento Manoli.
- ¿Y cuando será el momento? ¿Cuando te pille con otra en la cama? ¿Cuando Eloy, cuando es el momento?
- Manoli estás muy nerviosa y ya te digo que ahora el principal problema es Pablo.
- De Pablo me encargo yo, tu si quieres puedes ir a casa a coger la maleta y te largas ya. No te hemos necesitado nunca, bueno si, pero nunca has estado y he tenido que buscar ayuda por otro lado. Lo más parecido al cariño de un padre lo han visto mis hijos en la figura de Tony, ¿cuánto hace que no juegas con ellos? ¿Le has cambiado un pañal a Gema alguna vez? Te lo has perdido todo, toda la infancia de Pablo.
Eloy interrumpió a su esposa- siempre estoy trabajando para que no os falte nada, no puedes ser tan injusta conmigo Manoli, eso no te lo consiento. Tu si quieres quédate con tu amiguito Tony que yo me largaré a Holanda pero, no te creas ni en sueños que me desatenderé fácilmente de mis hijos, son tan míos como tuyos.
Tony salió corriendo de urgencias llamando a Manoli para decirle que a Pablo lo iban a subir a planta y que estaba bien.
Todos subieron a ver al niño, aún estaba medio dormido. Eloy dio un beso a Pablo y se fue, Irene se fue tras él...

martes, 30 de marzo de 2010

"Pablo" (10ª parte)


A Pepa le dio un ataque de ansiedad cuando dos camareros la cogieron forzosamente y la intentaron sacar del restaurante. Tan grande fue el susto que un cliente llamó a la ambulancia, al mismo tiempo que su mujer llamaba a la policía que no tardaron en acudir. El equipo de policías venía encabezado por Pedro que traía una orden judicial de registro del local, con este documento ya si que se podía acceder a cualquier sala del restaurante. Una vez que todo estuvo calmado irrumpieron en la cocina de Lidia y allí ya no quedaba nadie.
- No han podido salir, yo los hubiera visto, deben estar escondidos en algún lado- exclamó Tony sofocado aún por lo que había vivido minutos antes.
- Comprobad la puerta esa pequeña que había al lado de los fregaderos- ordenó Pedro al resto del equipo.
Sandra se ofreció encabezar el grupo. Abrió la puerta de una patada y sorprendida dijo:
- ¿Pero qué es esto? Está todo oscuro y hay unas escaleras como si fueran a un sótano.
- Espera, no bajes sin ponerte el chaleco... toma este arma y ponte el casco con la linterna- le ofreció un policía.
Sandra fue bajando las escaleras sigilosamente, aquel lugar olía fatal, había restos de comida por el suelo, ratas enormes corrían de un lado a otro todo el tiempo. De repente, vio moverse una sombra tras un bidón oxidado al fondo del sótano.
- ¿Hay alguien ahí? Voy armada- exclamó Sandra.
No hubo respuesta. De pronto sintió como una mano frío le tocaba el hombro por detrás, sintió miedo, pánico, tanto que no pudo articular palabra, su cuerpo quedó inmóvil.
- Ssshhhh, no hagas ningún ruido, te vas a quedar aquí hablando en voz alta mientras yo voy a acercarme a aquel bidón oxidado, cúbreme- le susurró Pedro al oído.
Sandra dio un gran suspiro. Cuando vio la mirada de Pedro que se volvió a intentar decirle con los ojos que había alguien ahí, Sandra quiso por momentos gritarle, decirle que tuviese mucho cuidado, que lo quería y que no pensaba moverse de ahí. Las lágrimas le bajaban por las mejillas. No se sabe de donde sacó fuerzas para comenzar la operación, pero ella empezó a cumplir las órdenes de Pedro.
- Si hay alguien ahí que salga ahora mismo, repito, voy armada y estoy perdiendo la paciencia... Mejor que salgáis antes que sea demasiado tarde, sé que estáis ahí y tenéis a Pablo escondido.
Pedro ya estaba al lado del bidón, en un rápido movimiento le dio la vuelta y vio aquello que producía la sombra.
- Pero, ¿tu?, ¿Pablo?, ¿Eres Pablo?
El niño no hizo ningún ruido, sólo negó con la cabeza. Estaba aterrorizado, temblando, no se apreciaban bien los ojos pero si que se veían brillar del llanto.
- Levántate y ve con Sandra, aquella policía que nos está alumbrando con la linterna, no te pares, corre, corre hacia ella pase lo que pase, allí te sentirás a salvo.
El niño no lo pensó dos veces, estaba confundido, no podía apenas pensar, simplemente se limitó a realizar la orden que aquel señor le había dado. Corrió cuanto pudo en busca de Sandra, llegó y se le abrazó a una pierna. Sandra ordenó que lo sacaran de ahí y lo intentaran tranquilizar arriba.
- ¿Hay alguien más ahí? Pensadlo bien, si os entregáis no pasará nada, salid por las buenas, se me está acabando la paciencia.
Otro niño salió corriendo tras una estantería, llorando y gritando
- ¡Sacadme de aquí, sacadme de aquí!
Al igual que al otro, también lo subieron arriba y el equipo intentaba tranquilizarlo. Ninguno de los dos era Pablo, pero ahora si que estaban seguros que Pablo también estaba entre ellos.
Manoli llegó al restaurante, estaba como loca, en mitad de una crisis nerviosa cogió a Tony de la camiseta y empezó a decirle que por qué no la había avisado. Tony se lo explicó e intentó tranquilizarla. Pasaron a la cocina y fueron a hablarle a uno de los dos niños rescatados.
- Déjame a mi, Manoli, tu puedes volver a perder los nervios otra vez y si a un niño que ya está asustado le hablas así, puede que no nos facilite las cosas- avisó Tony a la mamá de Pablo.
Manoli asintió con la cabeza.
- Pequeño, sé que estás muy triste, tienes mucho miedo, pero tu sabes que ahí abajo hay más niños como tu, ¿verdad?
El niño lo miraba fijamente pero no decía nada.
- A ver, dime como te llamas por favor.
El niño no parpadeaba, no dejaba de mirarlo.
- ¿Quieres que llame a tu mamá?
- Si- una vocecita como salió del cuerpo de aquel aterrorizado niño.
- Pero tendrás que decirme tu nombre para que pueda localizar a tu madre pequeño.
- José Miguel, pero todos me dicen Tato.
- Y dime Tato, ¿cuántos niños había contigo?
- Dos más, este y otro que llegó hace unos días. No sé como se llama, desde que llegó no ha dicho nada y por su culpa nos han castigado a los tres.
- ¿Si? ¿Qué ha hecho?- Tony veía como el niño empezaba a tranquilizarse.
- Pues nada, por eso nos han castigado, no habla, no hace nada de lo que nos ordenan, no quiere dormir por las noches...
- Sandra, hay otro niño abajo, tened mucho cuidado - gritó un policía que estaba asomado a la puerta del sótano.
Justo en ese momento se escucho un fuerte ruido. Pedro había sido golpeado y cayó al suelo. Sandra se alarmó y fue a por él, dos policías más bajaron rápidamente al sótano. Pedro estaba sangrando mucho y Sandra pidió que lo sacaran de allí y avisaran a un médico urgentemente.
Cuando lo estaban cogiendo, Sandra sintió la sensación de tener a alguien detrás de ella y rápidamente se giró. Vio esconderse a alguien detrás de un botellero y corrió a alcanzarlo. Apuntándolo con la pistola dijo:
- Sal de ahí ya, si no quieres que te vuele la cabeza. No hagas más daño del que ya has hecho. ¡Vamos que salgas te he dicho!
Un hombre salió del botellero con las manos en alto...

CONTINUARÁ...

lunes, 29 de marzo de 2010

"Pablo" (9ª parte)


- Nadie que no haya vivido una situación parecida puede imaginar lo que siente una madre en estos momentos, Tony – dijo Manoli con los ojos empapados en lágrimas.
- Te entiendo perfectamente Manoli, confiemos en la suerte y a ver si hoy se acaba esta pesadilla.
En ese momento el policía dio la orden a la apenada madre para que pasara a la sala al reconocimiento del niño. Instantes de angustia, incertidumbre, dudas, nervios, etc. Todo era un nudo que por momentos invadía a la mamá de Pablo.
- No, ese no es mi hijo, no es mi Pablo… Esto parece una broma, no puedo más, ¿Dónde está mi hijo por favor? ¡Me voy a volver loca!

Pasaron dos días y la ausencia de noticas engrandaban la pena de la familia, Eloy ya había vuelto y tras discutir con Manoli por haberle ocultado el enorme y triste suceso, pronto se organizaron para la búsqueda del niño. No fue hasta la tarde del jueves cuando, de la forma más inesperada, Pepa, la amiga de Tony llamó a éste por teléfono:
- Tony es urgente, escucha bien que apenas tengo cobertura.
- Dime Pepa, ¿qué pasa?
- Estaba comiendo en el restaurante chino de la avenida, el de Lidia y, no me tomes por loca, me dio la sensación de haber visto al niño desaparecido.
- ¿Qué dices? Tu apenas lo conoces nena, seguro que ha sido tu imaginación ante la obsesión que tenemos.
- Te doy mi palabra que ese niño era Pablo. Estaba en la barra del restaurante esperando la cuenta cuando ha salido de la cocina Lidia y al quedar la puerta entreabierta, vi a un chico al fondo. No quise decir ni hacer nada para no alarmar a nadie, por eso me he salido a la puerta a llamarte.
- Quédate ahí, Pepa, me acerco lo más rápido posible.
- Intenta venir con la policía, estoy segura que es Pablo.

Tony no dijo nada a Manoli, directamente se fue a comisaría para pedir que una patrulla lo acompañara e irrumpieran en el local para rescatar al niño. La respuesta de la policía fue rápida, ellos no podían hacer eso sin una orden del juez. Pero bueno, parece que ese día la suerte estaba de su lado, Sandra, la policía que tanto se había volcado con el caso se ofreció voluntaria a acompañar a Tony, estaba librando y si que podía ir al restaurante aunque fuese sin placa ni el arma.
Llegaron al restaurante de Lidia y allí estaba Pepa esperando. Pepa estaba muy nerviosa y cuando vio a su amigo se lanzó a sus brazos llorando.
- Tony estoy segura que es Pablo.
- Tranquila cariño, ¿sabe alguien más que estamos aquí?
Sandra interrumpió la conversación:
- No perdamos más tiempo, vamos dentro.

Entraron los tres y preguntaron a la camarera que si la señora Lidia podía salir a hablar con ellos. En un minuto, Lidia estaba frente a ellos.
- ¿Ocurre algo?
- Si, bueno… no sé como explicarte… emm – por momentos Tony dudó de cómo explicarle a la gerente del restaurante a lo que habían ido.
Sandra se adelantó:
- Mire, señora, venimos en busca de un niño que ha desaparecido.
A Lidia le cambió la cara en un segundo,
- ¿Cómo? No entiendo nada… y, ¿por qué iba a estar aquí?
- Porque hay gente que afirma que han visto al niño en la cocina de su local, así que pedimos que por favor, si no tienen nada que ocultar, que nos dejen entrar en su cocina para salir de dudas.
- No soy española pero conozco mis derechos y ustedes no pueden irrumpir en mi restaurante de esa forma sin una orden judicial. Además estamos trabajando y eso paralizaría el trabajo de mi personal.
- Pero señora no se da cuenta que estamos hablando de un niño, que en el caso de no dejarnos pasar usted se convirtiría en la principal sospechosa de la desaparición de Pablo.
Lidia quedó callada, no sabía más que decir para intentar frenar la entrada de los tres individuos en su cocina. Se le ocurrió entrar corriendo a la cocina pero Sandra lo impidió, la cogió del brazo y en tono amenazante le dijo que si ellos no podían entrar ella tampoco entraría. Lidia empezó a gritar y pronto se acercaron los camareros para ver lo que sucedía en la barra del restaurante.

viernes, 19 de marzo de 2010

"Pablo" (8ª parte)



DIARIO JAÉN (Portada):

“Detenido un señor en el aeropuerto
de Granada con un niño sin documentación”.


A las 23:30 horas de la noche
anterior, un señor de unos treinta
y cinco años es detenido
por los vigilantes de seguridad
del aeropuerto de Granada al pasar
por el detector de metales.
El señor, que atiende al nombre
de Ambrosio y es natural de Linares
(Jaén), portaba un “machete”
de una hoja de 14 cm según datos
oficiales de la policía. Ambrosio
no iba solo, llevaba de la mano
a un menor del cual no tenemos
ningún dato.
Según fuentes de Europa Press tanto
el señor como el niño fueron interceptados
y llevados a la comisaría de Granada,
donde permanecen en estos momentos a la
espera de ser trasladados a Jaén,
donde será juzgado
el adulto y se pretende
identificar al menor.


LA OPINIÓN (Portada):

“La policía busca a un menor desaparecido a la salida
del colegio”


Se ha creado un dispositivo de
búsqueda para encontrar
a un menor que desapareció
“supuestamente” a las 14 horas
del miércoles. Según el secretario
general de policía A.M.
tanto la Policía Nacional como
la Guardia Civil, trabajan en la
búsqueda de Pablo, un menor natural
de Linares (Jaén). Familiares y
amigos de los padres del niño
salieron en su búsqueda el mismo
día de la desaparición
pero no hubo suerte. El padre del
menor se encuentra de
camino, se encontraba en Holanda
por asuntos de negocios,
mientras que la madre, que atiende
a las iniciales de M.B.
y un amigo de ésta, no han parado
de buscarlo por la ciudad y
alrededores de Linares.

En cuanto la policía de Linares recibió el aviso de la detención de Ambrosio con un niño, avisaron inmediatamente a Manoli para que acudiera a comisaría. No llegó sola, su fiel amigo Tony y Pepa, la amiga de éste, la acompañaban. Fueron momentos muy duros, una lucha entre la ilusión de volver a ver a su hijo y el pesimismo de que sólo fuese una simple coincidencia y que el niño no fuera el suyo. Con la cabeza apoyada en la máquina de café y la mirada transpuesta no paraba ella misma de repetirse susurrando "tranquila Manoli, tranquila". Habían pasado ya casi tres horas pero la sensación que tenían los tres es que llevaban un día entero allí... de repente se escucha la sirena de un coche de policía, eran ellos. Se acercó Sandra y les dijo que no se movieran de allí hasta que un agente no los citara.
Esa espera fue aún peor, pensar que su hijo podría estar a tres metros de ella. Hasta ese momento no había sentido rabia, ni siquiera preocupación de quién podría a ver sido el causante de todo, sólo pensaba en Pablo, que estuviera bien y que no hubiera sufrido.

jueves, 18 de marzo de 2010

"Pablo " (7ª parte)


- Si pero, ¿qué tiene que ver eso con la desaparición de Pablo?
- El día que Pablo desapareció Abraham estaba raro, como ausente, le dije de ir a desayunar y ni me contestó. Pasó la mañana y yo como siempre antes de cerrar el colegio tengo orden de revisar cada aula por si ha quedado alguien…
- Continúa Rocío.
- Cuando subí a la primera planta escuché un ruido raro en un aula, el aula de Abraham, y fui corriendo a ver qué era.
- ¿Y?
- Me asomé pero no había nadie, cerré la puerta y justo cuando cierro vuelvo a escuchar otra vez el mismo sonido. Dudé por momentos, me puse nerviosa, me dio miedo, decidí abrir otra vez la puerta pero no lo hice, no me preguntes por qué, pero no la abrí, bajé las escaleras corriendo y cuando estoy llegando a la puerta de la consejería para recoger mis cosas veo como un niño corría por el pasillo y salió a la calle, iba llorando.
- ¿Te dio tiempo a reconocerlo?
- La cara si que se la vi, pero claro, como no los conozco aún pues no sabría decir su nombre. Inmediatamente después salí yo, cerré la puerta y me fui. No vi al niño y eso que estuve mirando por los alrededores.
- Si yo te mostrara las fotos de todos los niños ¿sabrías decirme quién era?
- Si, seguro, no se me olvidará la cara del niño asustado llorando en la vida.
- Vámonos a comisaría, Rocío, ahora tendrán que tomarte declaración y espero que cuentes todo lo que me has contado a mi.
- Pero… no sé, yo no quiero involucrarme en esto.
- Ya estás involucrada cariño, más que involucrada, todos los profesores coincidían que al ser tu la conserje eres la última que se queda en el colegio y como fue allí donde ocurrieron los hechos, no te queda otra que prestar declaración ya sea de forma involuntaria para colaborar con la búsqueda del niño o por mandato de un juez. Así que te aconsejo que si no tienes nada que ver con el tema, te vengas ahora conmigo y digas lo que pasó.

Rocío no dijo nada más, Sandra arrancó el coche y se fueron directamente a comisaría.
En el camino, Sandra llamó a su compañero Pedro para que citara también al profesor de Pablo, el profesor Abraham que hasta ahora se había mostrado muy volcado en la búsqueda del niño. Cuando llegaron, Rocío pasó directamente a dar declaración de los hechos a Pedro y Sandra esperó a que llegara Abraham. No tardó mucho, entraron los dos a la sala continua a donde se encontraban los otros dos.
- Buenas Abraham, el motivo de que esté citado aquí, como le habrá comentado mi compañero Pedro por teléfono es para intentar esclarecer en la medida que sea posible la desaparición de Pablo.
- Si pero todo lo que yo sé ya lo saben todos- dijo Abraham, que se mostraba un poco nervioso, normal, nadie está acostumbrado a dar declaraciones en comisaría habitualmente….
- ¿Cómo es Pablo en sus clases?
- Pablo es de los mejores alumnos que tengo, es educado, responsable, siempre presta atención en clase, es buen compañero, no tengo ninguna pega de él.
- Hábleme de Vicente, Vicente Parra, otro de sus alumnos.
Abraham quedó blanco, no esperaba esa pregunta.
- Eeeeeh… pues no sé…. Vicente… es otro niño muy inteligente, muy trabajador, siempre iba con Pablo, pero… ¿Qué tiene que ver Vicente en todo esto?
- A ver le digo, la pasada noche, el amigo de la madre de Pablo fue a casa de los Parra para ver a Vicente ya que es el mejor amigo del desaparecido e intentar sacar alguna pista. Por lo visto el niño se mostró muy raro, nervioso, no quería hablar , se negaba a ir al colegio, sólo decía que tenía miedo. ¿Normalmente es así de “raro”?
- No, que va, es un niño muy simpático, risueño, se lleva bien con todos, es muy hablador, sin ir más lejos, el otro día en el recreo, mientras el resto de niños jugaban él y Pablo se quedaron sentados en un banco y yo me senté con ellos. Me estuvieron contando sus historias, lo que querían ser de mayores…
- Como sabrá, antes de sentarme a hablar con usted, ya lo he hecho con la conserje del centro y ella me comenta que usted siempre hablaba bien de esos dos chicos.
- Si, es cierto, siempre los pongo como ejemplo para todo, pero porque ellos se lo han ganado, no soy amigo de favoritismos ni nada de eso, pero son los más trabajadores, los más educados, nunca arman broncas, nunca me dan problemas, pero… ¿a qué viene esto? ¿No pensará que… yo…?
- Tranquilo Abraham, yo no pienso ni dejo de pensar nada, aquí lo único que intentamos hacer es encontrar a Pablo y usted nos puede servir de gran ayuda, simplemente.

miércoles, 17 de marzo de 2010

"Pablo" (6ª parte)


- Pienso que deberías decírselo ya, no aguanto esta situación. Vale que mi relación con ella nunca fue buena, pero sólo el hecho de que se entere alguien de la familia, me crucifican fijo.
- Tranquila cariño, todo lo he dejado bien atado en Holanda, el día uno me trasladan por fin a Rotterdam y ya todo será más fácil. Tu vendrás al mes de estar yo allí arreglando la casa y buscándote un trabajo . Todo saldrá bien, no desesperes, es cuestión de días amor.
- ¿Has pensado cómo se lo dirás a mi hermana? No quiero que sospeche lo más mínimo de lo nuestro, imagina lo que podría pasar…
- Si, si que lo he pensado, mi separación no tiene “nada que ver contigo” . Ella lo lleva esperando varios años aunque nunca dijo nada, se pasa el día con su amiguito Tony y los amigos de éste… Supongo que por mi trabajo y mis “grandes ausencias” soy casi un desconocido para Pablo y,… Gemita, bueno ella es demasiado pequeña aún..
- Ah, ¿se sabe algo de Pablo?- preguntó Irene dando por hecho que Eloy estaba al tanto del tema.
- ¿Cómo? ¿Pablo, mi Pablo? Dime Irene, ¿le ha pasado algo?
- Nada, nada importante, cosas de críos… Bueno cariño, te tengo que dejar que viene mi madre. Un beso guapo y avisa al llegar.
- Otro para ti mi amor, estoy deseando verte.
Sandra estaba estacionando el vehículo en la puerta de la casa cuando como un rayo, Rocío se metió en el coche y se echó en los brazos de ésta llorando. Se le veía desesperada, asustada, con mucho miedo.
- Tranquila nena, no vamos hablar aquí, vámonos al pantano, seguro que hoy no habrá nadie y podremos hablar tranquilamente, además, no te vendrá mal un poco de aire fresco.
Rocío no dijo ni una sola palabra en todo el camino, Sandra tampoco. Llegaron y dejaron el coche frente a la presa, se bajaron y empezaron a pasear.
- Rocío, sólo te pido que me seas sincera con lo que me vayas a contar, olvídate que soy policía, soy tu amiga y quiero ayudarte.
- Sandra te lo quiero contar desde el principio. Como sabes, comencé hace unos veinte días a trabajar en el colegio de conserje, pues bien, desde el minuto uno, Abraham el jefe de estudios y profesor del chico desaparecido…
La cara de Sandra se puso blanca e inmediatamente interrumpió a su amiga:
- Ah, ¿sabías que Pablo había desaparecido?
- Si, no te adelantes, te lo quiero contar desde el principio. Escúchame por favor y ahora me dices lo que quieres.
- Vale, vale, continúa, perdón.
- Como te iba diciendo, Abraham se mostraba como muy agradable, siempre me decía que cualquier duda o problema que surgiera, le preguntara a él. El segundo día me llevó a comer , me contó sus historias con sus parejas y tal, yo también le confié cosas mías… Tranquila que de ti no le dije nada…
- Uff, me quedo más tranquila.
- Bueno, continúo. Siempre me hablaba de lo enamorado de su profesión que estaba y que adoraba a los niños. Pero a veces se ponía demasiado pesado con dos de sus alumnos, no hablaba de otra cosa…
- ¿Recuerdas los nombres?
- Claro, como no, Pablo y Vicente. Decía que eran especiales, que estaban hechos de otra pasta, que eran adultos encerrados en cuerpos de niños y cosas raras.
- ¿Cosas raras? Explícate anda.
- Al principio no le di la mínima importancia, pero Sandra, imagina más de una semana escuchando siempre el mismo tema: “hoy Pablo ha hecho una gracia y nadie lo ha pillado, sólo yo”… “Vicente es tan sensible, tan listo, tan soñador, tan, tan…”

martes, 16 de marzo de 2010

"Pablo" (5ª parte)


- Buenos días Manoli, creo que ya va siendo hora que nosotros empecemos a trabajar. Pase a esa sala que está mi compañero Pedro esperando para tomar nuevamente declaración, no olvide decirle cualquier dato por insignificante que sea- Sandra indicó a la mamá de Pablo.
Manoli se sentía perdida, sola en comisaría, denunciando la desaparición de su hijo. Entró en la fría sala y allí estaba Pedro sentado a un lado de la mesa, indicó a Manoli que se sentara frente a él y comenzaron con la declaración:
- ¿Manoli desde cuando tienes constancia que Pablo ha desaparecido?
- Esperaba que llegara a casa después del colegio pero nunca llegó.
- ¿Notaste raro a Pablo en estos útlimos días?
- No, Pablo es muy responsable a su edad y nunca me dio problemas. Esta semana se comportó como de costumbre.
- ¿Has hablado con algún compañero de clase, profesores, etc?
- Mi vecino y amigo Tony me está ayudando con la búsqueda. Anoche fueron a casa de uno de los mejores amigos de mi hijo y al preguntarle al niño, se mostró muy raro, incluso su madre dijo que nunca había visto a su hijo reaccionar así.
- ¿Cómo se llama el niño?
- Vicente Parra y tiene un hermano que se llama Javier.
- ¿Se podría hablar con el niño en presencia de sus padres si hiciera falta?
- Supongo que si, a Tony le dijeron que contásemos con ellos para cualquier cosa.
- ¿Pero el niño no le dijo ni una palabra?
- Por lo visto a la mañana siguiente el chico se negó a ir al colegio y sólo decía que tenía miedo y que le preguntaran a la conserje del colegio que es la única que sabía lo que había pasado..
- ¿La conserje? ¿La nueva? Rocío creo que se llama. ¿Os habéis puesto en contacto con ella? Yo la conozco bastante bien, es amiga de Sandra, la compañera que le ha atendido antes.
- Por lo visto, han intentado localizarla pero nada, ni se ha presentado hoy en clase ni estaba anoche en su casa- Hubo un silencio y nuevamente volvieron a aparecer los miedos, las lágrimas, la desesperación en el cuerpo de Manoli- Mi hijo, ¿Dónde estará? ¿le habrá pasado algo? Pero si nosotros no le hemos hecho nada malo a nadie, ¿por qué nos tiene que pasar esto? Mi marido está fuera, no vuelve hasta mañana y se volverá loco cuando venga y no vea a Pablo…
- Tranquila Manoli, lo está haciendo muy bien. ¿Y con el profesor de su hijo, han hablado?
- Si, mi amigo Tony que está para todo, lo llamó y por lo visto se ha movido preguntándole al resto de trabajadores del centro pero nada, todos apuntan a que la única persona que debe saber algo es la conserje.
- Espere un momento, por favor.
Mientras, Pedro salió a hablar con Sandra, casi susurrando le dijo
- Sandra intenta localizar a tu amiga Rocío y ordénale inmediatamente que se persone en comisaría. No le des ningún tipo de explicación, sólo que venga aquí en menos de una hora. Tiene que prestar declaración de lo ocurrido ayer al medio día cuando cerró el colegio.
- ¿Cómo? ¿Rocío? Sabía que estaba trabajando desde hace poco tiempo en el colegio pero no se me pasó por la cabeza… Ah, ahora que lo dices, ayer por la tarde tuve dos llamadas perdidas con número oculto y seguidamente un mensaje de Rocío que me decía algo así como “tenemos que hablar” pero no se me ocurrió que fuera nada importante, simplemente que mi amiga quería contarme algo.
Una vez dicho eso se dispuso a llamar a Rocío pero esta seguía con el teléfono apagado. Por un momento dudó en llamar al fijo de su madre, pero tampoco quería alertarla. Pasados unos minutos decidió llamar a la madre para informarse del paradero de su hija pero sorpresa, fue Rocío quién cogió el teléfono:

- ¿Si?
- ¿Rocío eres tu? Soy Sandra.
- ¡Sandra! Intento localizarte desde ayer, tengo un problema pero no quiero hablarlo por aquí contigo y menos con mi madre cerca. ¿Me recoges y nos vamos a otro sitio a hablarlo por favor?
- Dame quince minutos.
- Sólo te pido que seas discreta y no le digas a nadie donde estoy, tengo miedo.